domingo, 12 de octubre de 2014

Hortalizas, chinampas y flores, vocación perdida del Distrito Federal


Con la mitad de su superficie con vocación rural, el
Distrito Federal podría convertirse en un abastecedor de productos
agrícolas de calidad mundial, con la puesta en marcha de distintos
agroclusters, como los de nopal, conejo, lechugas o flores ornamentales.


Y es que, en delegaciones como Xochimilco, Milpa Alta, Álvaro Obregón y
Magdalena Contreras existen terrenos agrícolas que, opacados por el
bullicio de la ciudad, producen vegetales y flores de clase
internacional, por lo que el gobierno federal está resuelto a rescatar
sus actividades primarias a través de la formación de agroclusters.


“Aunque se considera que el Distrito Federal solamente tiene un área
pavimentada y de concreto, más de 50 por ciento aún es zona rural, cuyo
40 por ciento es de producción agropecuaria”, aseguró el representante
de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y
Alimentación (Sagarpa) en el Distrito Federal, Carlos Arroyo
Santiesteban.

Más que la cantidad o calidad de producto, la
verdadera problemática es la comercialización, destaca el funcionario,
quien encabeza el proyecto de formación de agroclusters en la capital
mexicana y trabaja en coordinación con la Fundación Luz María Martínez.


Y es que a lo largo de los años y por generaciones completas, el
productor sigue en la búsqueda de clientes para poder vender el producto
de su tierra. El trabajo es arduo y a lo largo de los años continúa con
los mismos comercializadores en mercados públicos y principalmente en
la Central de Abasto.

En un recorrido de Notimex por los ejidos,
las chinampas y zonas de cultivo de Xochimilco, los agricultores
declaran que su mercancía no es bien pagada, cuando por tres años de
trabajo y cuidados para un cedro limón, les ofrecen 150 pesos o venden
un kilo de hortalizas en 25 pesos.

Por eso, el gobierno federal
anunció una inversión inicial de 19 millones de pesos que permitirá la
integración de la cadena productiva o la formación de agroclusters, lo
que conllevará al rescate de las zonas rurales, su efectiva explotación
y, sobre todo, la apreciación del trabajo agrícola a través de un precio
justo.

Mientras camina entre las chinampas y los cultivos de
hortalizas como el “riobarbo”, un vegetal de utilización gourmet en
Europa y que sólo una familia de agricultores ha logrado en Xochimilco
con gran éxito, Arroyo Santiesteban se dice convencido de que la lucha
va más allá de la integración de una cadena productiva, en especial para
que el trabajo de los agricultores mexicanos sea valorado.

En
medio de miles de árboles de cedro limón, listos para su venta en la
cooperativa “Jessy”, propiedad de Ulises Javier González Jiménez, el
director de la fundación, Daniel Ambrosio Ruiz, resalta a su vez que ya
no va a crecer una sola hectárea de producción en ninguna parte del
mundo, y por lo tanto, la tarea es invertir en procesos para optimizar
la producción agrícola.

Afirma que el secreto está en el
abastecimiento de agua, sumado a que de acuerdo con estudios
internacionales, 70 por ciento de todos los alimentos que se producen en
el mundo proviene de agricultores familiares, justamente el esquema de
la capital mexicana.

Ambrosio Ruiz destaca así un sistema de
captación de agua de lluvia, separado de baños construidos por la misma
fundación para que los deshechos de los agricultores que antes se
dirigían a la siembra por no tener un canal adecuado, hoy son procesados
para convertirlos en abono para los ornamentales y que el agua limpia
sirva para las hortalizas y producción de consumo humano.

“Así,
nada se desperdicia y todo lo que se produce se hace con estricto
control de limpieza, lo que proporciona calidad a los productos que
desgraciadamente son muy mal pagados”, comenta el director de la
Fundación entre una emoción de enojo y tristeza.

Arroyo
Satiesteban está seguro que los precios no incluyen el trabajo
invertido, y es ahí en donde opera el proyecto de los agroclusteres.
“Parte de nuestra responsabilidad es buscar la fórmula de que esto vaya
funcionando y que la gente convenza a los demás de que es un buen
negocio y puede producir”.

Dijo que un ejemplo claro son las
flores, un “gran negocio” con ingresos considerables, por lo que la
Sagarpa en el Distrito Federal está en pláticas con el gobierno
capitalino para impulsar a los productores de ornamentales.

“Hay
mucho potencial porque podemos llegar a la especialización, por ejemplo,
tenemos un proyecto de un agrocluster exclusivo de nopal. Tenemos otro y
lo estamos analizando y es de un Centro Jardinero que sería un
agrocluster en la parte norte de la ciudad con productos ornamentales
para hacer la comercialización”.

El delegado de la Sagarpa en el
Distrito Federal declaró que promueven también un agrocluster con
conejos, desde su producción, hasta la venta de pieles teñidas o
tratadas, souvenirs y embutidos. "La carne de conejo, ya sea total o
cortes o bien el inicio del conejo y diferentes formas, la idea es poder
llegar a tener la cadena completa”.

En este sentido, Ayala
Satiesteban estimó que los resultados de los primeros agroclusters en su
primera etapa estén listos en unos 12 meses, aunque aclaró que se
tratará de la primera fase.

Al respecto, el director de la
Fundación Luz María Martínez dijo que lo que se busca es diversificar a
los productores hacia variedades que tengan una mejor aceptación en un
mercado y traspase la barrera de los commodities.

Esto, porque
sólo con esa filosofía hoy en día, entre los clientes de algunos
agricultores de Xochimilco se cuentan exclusivos restaurantes, incluso
calificados por la industrial internacional y que ahora los productores
venden directamente al restaurantero.

La fórmula para la
formación del agrocluster, dijo, es hacer más accesibles los alimentos y
evitar que el productor descuide sus actividades para comercializar el
producto e incluso hacer la cobranza del mismo.

“Lo que se busca
con estos agroclusteres es la integración completa, desde la tierra
hasta la mesa del consumidor, pasando por toda la parte de compra de
insumos, enlatado, transportación y su llegada al consumidor”.


Pero detrás de todo este trabajo de las autoridades federales y de la
Fundación Luz María Martínez, se encuentra el trabajo de decenas de
familias en donde la necesidad los ha llevado a hacer incluso
investigación científica desde la sala de su casa y llegar a producir
alimentos de calidad global, para recuperar la vocación perdida del
Distrito Federal.

 
 

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