viernes, 23 de octubre de 2015

La negociación sobre el cambio climático penden de un hilo



Las negociaciones para lograr un borrador de acuerdo de lucha contra el cambio climático pendían de un hilo este viernes, en la última jornada de unas discusiones dominadas cada vez más por un enfrentamiento Norte-Sur.
La comunidad internacional quiere fijarse como meta que la temperatura del planeta aumente como máximo 2ºC hacia 2050, y para ello ha diseñado un ambicioso acuerdo, sin precedentes, para abandonar paulatinamente su dependencia de las energías fósiles, para monitorear mutuamente el cumplimiento de los compromisos y para financiar el apoyo a los países más vulnerables.
Este último punto, las ayudas, dominaba los intensos debates en las últimas horas negociadoras, con el denominado G77, que agrupa a 134 países en desarrollo y a China, en pie de guerra contra los países industriales.
En Bonn están reunidas 195 partes (194 países más la Unión Europea), cuyos negociadores deben entregar un borrador con opciones claras a sus respectivos ministros en la Conferencia sobre el cambio climático (COP21) de París, a partir del 30 de noviembre.
Francia ha invitado, además, a los jefes de Estado y de gobierno a la primera jornada de esa COP21, para darle el máximo lustre a la cita y también para incrementar la presión mutua.
Los negociadores en Bonn se separaron en la noche del jueves con posiciones contrastadas, tras una asamblea general en la que algunos delegados demostraron tener los nervios a flor de piel.
"Pensaba que íbamos en una dirección diferente. Ya he visto esta película antes. No hay ninguna segunda parte buena", amenazó la representante venezolana, Claudia Salerno. "Espero que esto no vaya a convertirse en una segunda y sucia oportunidad (perdida) como en Copenhague", añadió.
La comunidad internacional fracasó en 2009 en la capital danesa en lograr un acuerdo de lucha contra el calentamiento del planeta. Rusia y Sudán también expresaron vivas protestas sobre la supuesta confusión de los debates.

Evaluar avances 

El enojo de Venezuela, uno de los países que se plantó en Copenhague en 2009, fue una nota de alarma en una sesión general convocada precisamente para evaluar los avances de los ocho grupos de trabajo.El texto del acuerdo, que ronda las 34 páginas, fue dividido por temas el lunes pasado, a iniciativa de los copresidentes de la ronda negociadora, Argelia y EEUU.
El G77, representada por Sudáfrica, fue el grupo de países que obligó a revisar el texto y a incluir sus propuestas.
Al reabrir el texto redactado por Argelia y Estados Unidos, tras tres rondas negociadoras exhaustivas, todas las delegaciones volvieron de golpe a inundar los debates de enmiendas.
A primera hora del viernes los ocho grupos de trabajo habían presentado sus conclusiones por escrito, llenas sin embargo de corchetes, comprobó la AFP.
El propio G77 tenía dificultades para conciliciar propuestas internas y unificarlas.
"Tienen que darnos tiempo para que podamos considerar las propuestas", pidió la sudafricana Nozipho Mxakato-Diseko el jueves en la noche.
Los delegados deben en principio presentar un borrador completo del acuerdo, que por el momento ni siquiera se sabe si sería legalmente obigatorio, en la tarde del viernes (hora local).

domingo, 27 de septiembre de 2015

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viernes, 4 de septiembre de 2015

Comer en Perú: un culto basado en el cariño

Brasil y Argentina son buenos para el fútbol. El Caribe lo es para la música. Los peruanos, para cocinar, dice el chef Rodolfo Tafur, según quien el mayor ingrediente en su ya mundialmente famosa gastronomía es el cariño.
Gestada al calor del fogón familiar, la gastronomía peruana ha saltado a las grandes ligas y tiene tres de sus restaurantes en la prestigiosa lista 50 Best. Uno de ellos, el Central, está incluso en el cuarto lugar y desarrolla una cocina de autor.
No obstante, el peruano de a pie sigue prefiriendo el "huarique", aquel lugar sin publicidad, donde se rinde culto al buen comer, de forma abundante, a precios democráticos y que todo barrio tiene.
Carapulca (papa seca guisada con cerdo, ajíes locales y especias), un hirviente caldo de gallina (con fideos, papa amarilla que se deshace, jengibre, huevos duros y una gigantesca presa), hígado frito de res con yuca (mandioca) o un cerro de arroz con mariscos -sazonado con salsa de soja, salsa de ostras y flambeado en un wok oriental- son devorados con fruición en los pequeños negocios.
"Cuando un peruano se sienta en la mesa, no ve un plato, ve cariño. Para el peruano, la comida es cariño, y el cariño se da en abundancia. Es algo que aprenden en casa", dice Tafur, chef e investigador gastronómico de la Universidad Ricardo Palma.
Un detalle que los extranjeros que comen en Perú resaltan, es la abundancia de los platos. "Aquí, comer bien no sólo es comer rico, sino bastante", comenta la brasileña Viviane Naves, que confiesa haber sido observada con asombro por no terminar lo que le sirven.
"¿Para qué somos buenos los peruanos? No vamos a ganar una Copa del Mundo, pero para cocinar, allí sí. Cocinar aquí no es sólo mezclar siete ingredientes bajo una técnica de cocción, sino colocarle un elemento importante: cariño por quien va a comer el plato", dice Tafur