miércoles, 28 de agosto de 2019

Profesionales en la atención geriátrica


La esperanza de vida de los mexicanos se ha ido incrementando considerablemente, pues en 1930 se vivía en promedio 30 años, en 1970 subió a 61 años y en la actualidad es de 76 años en promedio.

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El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) cuenta con 170 médicos geriatras en hospitales y 80 enfermeras especialistas en geriatría, con lo que se coloca como el organismo de salud en el país con la mayor cantidad de especialistas en la materia, afirmó el doctor Juan Humberto Medina Chávez, coordinador del Programa GeriatrIMSS.
Medina Chávez indicó que el Seguro Social otorga en promedio cada año 126 millones de consultas a adultos mayores de 60 años, de ellos, el 61% (76, 982,478) son en mujeres y el 39% (49,558,521), en hombres.
Hay un compromiso con la salud de los mexicanos y en particular con la población adulta mayor que va en ascenso, aseguró.
El coordinador del Programa GeriatrIMSS destacó que cada año se gradúan alrededor de 50 médicos y 30 enfermeras (os) con especialidad en geriatría y se otorga formación presencial o a distancia a alrededor de 9 mil profesionales de la salud que incluyen a personal en nutrición, trabajo social, médicos, fisioterapeutas, camilleros, cuidadores informales, entre otros.
Esta capacitación –dijo- tiene que ver con el actuar del profesional de la salud, desde la prevención de enfermedades, pues ésta es la mejor estrategia para garantizar una vejez saludable.



Agregó que en las Unidades Médicas Familiares (UMF), se cuenta con programas como Chequeo PrevenIMSS en personas mayores en los que se realizan estudios para la detección y control de enfermedades crónicas, así como vacunación y promoción de estilos de vida saludable y Promoción del Envejecimiento Activo, para mejorar o conservar su estado de salud e independencia a través de actividades lúdicas, deportivas o de socialización.
Medina Chávez recomendó a la población poner énfasis después de los 40 años en tener una alimentación saludable, mantener actividad física, socializar, fortalecer vínculos con familiares y amigos y realizar actividades de estimulación mental, así como acudir al médico para la detección oportuna de enfermedades crónicas.
Resaltó que la esperanza de vida de los mexicanos se ha ido incrementando considerablemente, pues en 1930 se vivía en promedio 30 años, en 1970 subió a 61 años y en la actualidad es de 76 años en promedio.
Explicó que las mujeres viven en promedio 78 años y los hombres 73 años, y que los estados con la mayor esperanza de vida son: Nuevo León, Baja California Sur y Ciudad de México con un promedio de 76.7; en tanto que los que tienen menor esperanza de vida son: Oaxaca, Guerrero y Chiapas con 73 años, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI).



"En el IMSS cursamos con una transición demográfica, donde la población menor a 15 años ha disminuido y la población de 45 a 64 años y la de 65 y más años se ha ido incrementando en los últimos 30 años, por lo que la atención al grupo poblacional de adultos mayores se ha ido incrementando de manera exponencial", añadió.
Informó que los programas de geriatría están dirigidos a personas de 60 años y más y su objetivo es la prevención de enfermedades, así como el fomentar estilos de vida saludable.
El especialista geriatra señaló que cuando un adulto mayor acude a una valoración, ésta incluye una revisión amplia de los antecedentes de enfermedades, evaluación del aspecto psicoafectivo, socio familiar y del estado de las funciones física, mental y nutricional para integrar un plan diagnóstico terapéutico.
Los padecimientos que más afectan a las personas de 65 años y más, son diabetes, hipertensión, problemas del corazón y las arterias, artrosis o enfermedad articular degenerativa, depresión y trastorno de ansiedad, demencia tipo Alzheimer, problemas auditivos (sordera) y de agudeza visual (catarata, glaucoma, degeneración macular), entre otros.


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martes, 27 de agosto de 2019

Sericicultura, actividad agroforestal que conservan pueblos de Oaxaca desde la Colonia

Varias comunidades serranas han conservado con esmero la especie criolla del insecto. 




México, SEMARNAT / ciberpasquinero

La blanca y delicada mariposa Bombyx mori, mundialmente conocida por generar hilos de seda para arropar su gestación, ha sido punto de partida para el rescate agroforestal de varias regiones del país, principalmente en la Sierra Norte de Oaxaca y la Mixteca Oaxaqueña, pero también en los estados de San Luis Potosí, Puebla, Michoacán e Hidalgo.
La sericicultura o cultivo del árbol de las moras, la morera, y del gusano de seda que se alimenta solo de sus hojas fue introducido en México desde la Colonia y nutrió en el estado de Oaxaca los saberes indígenas. Generación tras generación, varias comunidades serranas han conservado con esmero la especie criolla del insecto que les fue heredada por los abuelos, lo mismo que el arte de elaborar prendas textiles con la fibra natural que produce ese lepidóptero.
En los años noventa del siglo pasado, Japón impulsó la agroindustria de la sericicultura en México. Hizo inversiones importantes, equipó proyectos y capacitó a diferentes grupos de trabajo en comunidades campesinas de diferentes estados de la República, ardua y entusiasta labor que, sin embargo, no fructificó por razones casi siempre políticas, según se refiere en Tópicos Selectos de la Sericultura..
Es distinto el caso de Santo Domingo de Xagacía, en la Sierra Norte de Oaxaca, donde 12 mujeres zapotecas se agruparon en el año 2000 como "Productoras y Tejedoras de Seda Yej Bzia". El insecto se envuelve hasta en kilómetro y medio de finísimo hilo antes de volar convertido en blanca mariposa.


Auspiciadas en sus inicios por la Comisión Nacional Forestal (Conafor) y el Fondo internacional de Desarrollo Agrícola, estas mujeres decidieron dedicarse a la crianza del insecto para evitar su mortandad y aumentar el rendimiento de la producción de seda en hilo.
En 2014 constituyeron formalmente su empresa, y en 2016 producían 50 mil gusanos en dos temporadas al año, con un rendimiento de 4 kilogramos de hilo. Emplean entre 250 y 300 gramos de hilo para una sola prenda. Mediante un financiamiento de un millón 134 mil 449 pesos equiparon su taller de tejido e incrementaron el número de prendas.
La actividad comunitaria continúa. Estas mujeres zapotecas cuentan ya con cuatro áreas de trabajo: sala de crianza, área de capullos, cocina y lavado de prendas y área de tejido. Su trabajo no solo ha generado 41 empleos indirectos, sino también fomenta el uso de prendas naturales de bajo impacto ambiental como rebozos, bufandas, aretes y otros accesorios femeninos.
También se desarrolla el cultivo sostenible de la morera en seis hectáreas, ya que las hojas de este árbol constituyen el único alimento de los gusanos de seda. La siembra de estos árboles ha favorecido el control de erosión, la recuperación de suelos degradados y la utilización de especies forestales asociadas con cultivos agrícolas.
Otras comunidades que se ocupan de la sericicultura en la Sierra Norte de Oaxaca pese a añejos conflictos agrarios entre ellos, y más recientemente con una empresa minera, son San Pedro y San Miguel Cajonos, pertenecientes al municipio de San Francisco Cajonos.
En San Miguel Cajonos se conformó legalmente hace muchos años un grupo de 15 artesanos zapotecos, 10 mujeres y cinco hombres que se han dedicado a la crianza del Bombyx mori, la plantación de la morera y la elaboración de rebozos de seda.


Su actividad incluye también el cocimiento y devanado del capullo y el hilado y tejido de la seda. Este centro agroartesanal ha recuperado los conocimientos y técnicas tradicionales de producción de seda natural, y ha participado en importantes ferias y exposiciones del país. Además, promueve estrategias de comercialización para beneficiar a clientes y productores, como por ejemplo las "tandas de rebozos".
Se prevé que la comunidad vecina, San Pedro Cajonos, albergará el Museo del Gusano de Seda de México, ya que en enero de este año fue colocada la primera piedra de ese sitio que contará con un banco de huevecillos para beneficiar no solo a los y las artesanas locales, sino a más de 5 mil artesanos de la seda del estado, ya que algunos viajaban a San Luis Potosí para adquirir el insecto, lo que encarecía sus productos.
Estos son ejemplos bioculturales y agroforestales que permiten asomarse a un futuro de desarrollo sostenible si se valora e impulsa la sabiduría ancestral de los 68  grupos indígenas de nuestro país.


martes, 6 de agosto de 2019

Supervovencia de mamíferos mrinos


Los mamíferos marinos —como ballenas, delfines, marsopas, belugas, narvales, zifios, cachalotes, lobos marinos, morsas, focas, nutrias, osos polares, zorros árticos, manatíes, vacas marinas y algunos murciélagos pescadores— son y han sido amenazados por las actividades humanas, a tal grado que desde finales del siglo XVIII hemos provocado la extinción de cinco especies de mamíferos marinos, explicó el doctor Luis Medrano González de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Estas especies son: la vaca marina de Steller que se extinguió en el siglo XVIII, el visón marino que desapareció a inicios del siglo XX, el lobo marino de Japón extinto desde la primera mitad del siglo XX, la foca monje del Caribe a mediados del siglo XX y el delfín del río Yangtsé a inicios del siglo XXI.
El investigador señaló que los mamíferos marinos han sido de relevancia histórica ya que han proporcionado a los humanos carne, grasa, aceites, huesos, piel y otros materiales. Para el caso de nuestro país, dijo, se ha documentado la interacción de estos animales con los humanos desde el Holoceno (aproximadamente hace 10 mil años), cuando la desertificación del noroeste de México obligó a los grupos humanos de la región a buscar sustento en el mar, en específico en el Golfo de California y la costa Pacífica de Baja California.
Después del siglo XVIII la cacería de mamíferos marinos dejó de ser para la subsistencia y su enfoque fue en el comercio; a partir de entonces muchas especies fueron sobrexplotadas y de manera sostenida quedaron en peligro de extinción, destacó el doctor en Ciencias por la UNAM.
“Y aunque la cacería comercial de mamíferos marinos se ha detenido gradualmente desde mediados del siglo XX, la diversificación de las actividades humanas en el mar ha creado otras amenazas, entre las cuales están la mortalidad en artes de pesca, la destrucción de hábitats y la contaminación de diversos tipos como ruido, basura, metales pesados, compuestos organoclorados y patógenos, y todas estas se suman al cambio climático, el cual es el mayor componente en el riesgo de extinción de especies polares como la ballena de Groenlandia”.